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La Carta. III Parte.

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Fernando se encontraba ahora en el interior de una cueva. De los magos y de la playa, nada. Frente a el, un hombre y un niño le observaban. A su derecha un hombre con una máscara de plata. -Justo te estaba esperando. En su mano colgaba una anforita de plata, con dos cintas de acero. La cual entrego al niño. -Pero si eres tu... ¡Balduino! Lucia otra cambio de ropa. -Si vieras cuanto he esperado para volver a ti... -Shhh... El hombre de la cueva hizo señal de silencio e indico al niño con señales, que subiera y se fuera. Estuvieron así, callados unos momentos. Fernando observa al niño, la escalinata en la pared conducía a la boca de la cueva en el techo, por donde se colaba la luz del día. Miro entonces el cielo, ¡el cielo que se extiende sobre nosotros! El cielo resplandeciente sobre todos los hombres, azul, hermoso. Observa la luz hasta que el hombre saco unas plumas del bolsillo de su cinto, extendiéndolas y agitándolas a la altura de sus orejas. La luz de la salida,...

La carta. II parte.

Fue entonces que pude observar la mascara con que se cubría el rostro, ¡era de plata!, si, efectivamente era plata.  La tormenta duro alrededor de una hora. Tuve entonces las visiones más celestes y cristalinas, con mujeres traídas de otra tierra, no se, de otra era. Las cuales narro a continuación:  En una tierra cuya ubicación debe guardar en secreto, las Deidades y la gente que la habitan, son un tanto distintos a nosotros. En su mayoría de tes morena. Fui llevado allá por las luces que salían del sol, como plumas de color quetzal, en patrones cuadrados que registraban los contornos de un Teocalli, dejándome suavemente sobre una playa hermosa, con árboles frutales, como tejocote, mamey y tunas. Salieron a mi encuentro dos sacerdotes vestidos de plumas y telas de colores. Tres jóvenes los seguían por la playa. Se notaba que acababan de encontrarse.  Me hablaron primero en su propio idioma, desconocido para mi, solo unas cuantas palabras. Hablando después en un catalán c...