La carta. II parte.
Fue entonces que pude observar la mascara con que se cubría el rostro, ¡era de plata!, si, efectivamente era plata. La tormenta duro alrededor de una hora. Tuve entonces las visiones más celestes y cristalinas, con mujeres traídas de otra tierra, no se, de otra era. Las cuales narro a continuación: En una tierra cuya ubicación debe guardar en secreto, las Deidades y la gente que la habitan, son un tanto distintos a nosotros. En su mayoría de tes morena. Fui llevado allá por las luces que salían del sol, como plumas de color quetzal, en patrones cuadrados que registraban los contornos de un Teocalli, dejándome suavemente sobre una playa hermosa, con árboles frutales, como tejocote, mamey y tunas. Salieron a mi encuentro dos sacerdotes vestidos de plumas y telas de colores. Tres jóvenes los seguían por la playa. Se notaba que acababan de encontrarse. Me hablaron primero en su propio idioma, desconocido para mi, solo unas cuantas palabras. Hablando después en un catalán c...